lunes, 9 de enero de 2012

Tamarindos extranjeros

 
Desde Bangkok

Guamúchiles tailandeses    Publicada: el 9 de enero de 2012, en el Diario de Yucatán 

 
Jorge Luis Hidalgo Castellanos

Cuando era niño, solía jugar a la sombra de los guamúchiles, árboles de hojas pequeñas que junto con los mezquites, amates, mangos, mameyes, tlalahuacates y tamarindos formaban el pequeño bosque de La Cañada, tórrida, bucólica y pequeña comarca del sur de México, donde crecí.

Los primeros y los últimos árboles mencionados en el párrafo anterior se relacionan con Tailandia de alguna manera. Ambos habrían llegado al otrora Siam desde la India hace siglos. Los guamúchiles (Pithecellobium dulce), cuyas vainas frutales enroscadas están compuestas de hasta diez blancas y carnosas esferas sin centro –huecas- es originario de América y llegó a través de Filipinas con los navegantes españoles; de hecho en tailandés se llaman “tamarindo extranjero” (Makhamtaed), pues el tamarindo (Tamarindus indica) se asume como un fruto local (Makham), aunque proviene de India.

 Ha sido aquí, en Tailandia, donde he encontrado esa relación entre ambos frutos -guamuchil y tamarindo-, tan comunes en las áreas tropicales y áridas de nuestro país.

Es verdad que el guamúchil, es poco conocido en buena parte de México, incluyendo su capital, -si bien se asegura que es originario del país- y que no es de un sabor particularmente encantador. Es sin embargo, muy apreciado en los lugares donde se da, en general de manera silvestre –desconozco un huerto de guamúchiles-.

 Entre sus propiedades están que alivia la tos, su corteza es astringente y combate la disentería y es hemostática, lo que ayuda a curar úlceras internas.

En Bangkok, durante diciembre y enero, es fácil 
encontrar en mercados y puestos de frutas en las calles estas humildes roscas que hacían mis delicias y las de mis amigos de infancia en un “Lugar donde abundan los guamúchiles”, en la zona montañosa de la mixteca entre Puebla, Guerrero y Oaxaca.

A un lado de mi escuela en la provincia mexicana y muy cerca del curato, frente a la iglesia, había una pequeña colina que escalábamos y sobre la que corríamos hasta llegar al árbol de guamúchil que había en la cima para cortar o recoger sus dulces frutos que avidamente comíamos entre mayo y junio, a los ocho o diez años de edad. Ese montículo, pocos años después se descubrió, era una pirámide prehispánica; templo de un centro religioso tlapaneca de influencia mexica, en el antiguo Huamuxtitlán. Su etimología es, en efecto, guamúchil.

Los tamarindos en México, a diferencia de los guamúchiles, son usados –entre muchas otras cosas- como en el estado de Guerrero, para preparar agua fresca con la que aliviar el calor casi eterno de ese verde valle por el que corre un río, a través de la árida Montaña, una perennemente olvidada región sureña. Pero ni allí, ni en todo México se nos habría ocurrido llamar alguna vez a los guamúchiles “tamarindos extranjeros”.

En Tailandia, los guamúchiles también son árboles y frutos rústicos que se pueden ver por muchas partes –en la entrada de la Escuela Americana de Bangkok hay uno- y pareciera ser que al igual que en México, donde además de mi Huamuxtitlán, existe una ciudad que se llama Guamúchil en el Noroeste, cuna de uno de los más famosos actores y cantantes de música vernácula mexicana, también hay en Tailandia un distrito que lleva el nombre Makham. Coincidencias, como suele haberlas entre países tan distantes y con culturas tan diferentes que se asemejan, sin embargo, en varios aspectos.

No me sorprendería encontrar en algún lugar de Isan o en el norte del reino tailandés un cerrito con un guamúchil en su cúspide o quizá un tamarindo y bajo de él, cubierta de tierra y hierba, una chide o un templo antiguo siamés o jemer, de los millares que existen todavía.

Los guamúchiles en Bangkok han sido una grata sorpresa, que además de darme la oportunidad de saborearlos me ha hecho regresar a la edad que mis hijos tienen ahora, en aquel recóndito y maravilloso lugar de México, donde inocentemente me refrescaba sin falsa censura en sus manantiales, sin imaginar que algún día estaría en Tailandia y menos aún comiendo en ese reino asiático guamúchiles como en Huamuxtitlán.H

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Texto: Hidalgo

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